Muchas veces usamos "hidratar" y "humectar" como si fueran sinónimos, pero cada palabra describe un proceso distinto de la piel, y confundirlos puede hacer que elijas el producto equivocado para tu rutina.

 

Hidratar significa devolverle agua a la piel. Humectar, en cambio, consiste en sellar esa agua con lípidos para que no se evapore. Son dos pasos que se complementan, no que se reemplazan.

 

Esto explica por qué una piel puede estar deshidratada sin ser seca, o al revés. La piel deshidratada luce opaca, áspera y con las líneas de expresión más marcadas porque le falta agua. La piel seca, en cambio, siente tirantez, descamación y enrojecimiento porque le faltan grasas naturales.

 

Para elegir bien tus productos conviene pensar en tu tipo de piel: las pieles mixtas o grasas suelen responder mejor a fórmulas ligeras y geles, mientras que las pieles secas se benefician de cremas más densas, aceites vegetales o ceramidas que refuercen la barrera cutánea. Sin importar el tipo de piel, un buen tónico o sérum con ácido hialurónico, glicerina o aloe vera ayuda a mantener el nivel de hidratación.

 

Vale la pena recordar que estas necesidades cambian con el tiempo: el clima, la edad, el estrés y las variaciones hormonales modifican lo que tu piel pide en cada etapa. Por eso en Ahuna diseñamos fórmulas que hidratan y humectan en equilibrio, para acompañar a tu piel en cualquier momento.

 

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